Y por qué hoy es el principal riesgo estratégico de las organizaciones
A lo largo de mi trayectoria profesional he acompañado a organizaciones en procesos de transformación, crecimiento, crisis y reinvención. En ese recorrido he escuchado muchas historias humanas: líderes brillantes, equipos comprometidos, decisiones valientes… y también silencios profundos. Entre todas esas historias incluidas las de CEOs altamente exitosos hay un factor común que se repite una y otra vez: la emoción siempre está presente, incluso cuando el contexto es estrictamente empresarial.
La razón es simple, pero a menudo olvidada: el corazón de las empresas son los seres humanos. Y cuando se ignora esa verdad, el impacto no es solo emocional: es estratégico, financiero y cultural.
EL GRAN ERROR SILENCIOSO: CREER QUE LA EMOCIÓN ES UN RIESGO Y NO UN ACTIVO
El error más frecuente y menos hablado que cometen muchos CEOs es desconectarse de la dimensión emocional del liderazgo, bajo la creencia de que mostrar humanidad, vulnerabilidad o duda debilita la autoridad.
Este error no suele expresarse en voz alta. Se manifiesta en decisiones tomadas en soledad extrema, liderazgos altamente racionales pero emocionalmente distantes, culturas que priorizan el resultado por encima de las personas y CEOs que cargan con todo sin espacios reales de contención, reflexión o feedback honesto.
¿QUÉ DICEN LOS ESTUDIOS?
La evidencia es contundente. Estudios de Gallup muestran que las organizaciones con líderes emocionalmente inteligentes tienen hasta 21% más rentabilidad y 17% más productividad. Investigaciones de Harvard Business Review confirman que los CEOs con alta autoconciencia emocional toman mejores decisiones bajo presión. Daniel Goleman demostró que hasta el 90% de la diferencia entre líderes promedio y extraordinarios está en competencias emocionales.
EL COSTO OCULTO
Cuando un CEO se desconecta emocionalmente aparecen consecuencias invisibles en el balance, pero evidentes en la cultura: pérdida de confianza, bajo compromiso, fuga de talento, ejecución deficiente y culturas rígidas.
EL CEO TAMBIÉN ES HUMANO
El liderazgo en la cima es emocionalmente demandante. Cuando el líder se desconecta de sus propias emociones, pierde intuición, lectura humana y capacidad de anticipar quiebres culturales.
EL NUEVO LIDERAZGO
Humanizar el liderazgo no significa perder firmeza, sino ganar profundidad. Los CEOs que integran razón y emoción crean culturas resilientes, innovadoras y sostenibles.
¿Qué emoción está guiando tus decisiones cuando nadie te ve? Porque lo no consciente también impacta. Las empresas no fracasan solo por malas estrategias, sino cuando quienes las lideran olvidan que dirigir personas empieza por comprenderse o aprenderse a sí mismos.
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